No realizar tus acciones y tareas de forma compulsiva, no caer en hacer las cosas mecánicamente, estresadamente, de manera descuidada, sin ponerle cariño... tomar conciencia de todos nuestros actos, por muy rutinarios, habituales e insignificantes que estos puedan ser. 
Yo sólo Dios y padre y madre míos,
me estoy haciendo, día y noche, nuevo
y a mi gusto.
Seré más yo, porque me hago
conmigo mismo,
conmigo sólo, 
hijo también y hermano, a un tiempo
que madre y padre y Dios.
Lo seré todo,
pues que mi alma es infinita;
y nunca moriré, pues que soy todo.
¡Que gloria, qué deleite, qué alegría,
qué olvido de las cosas,
en esta nueva voluntad,
en este hacerme yo a mí mismo eterno!

"Conciencia sucesiva de lo hermoso" Juan Ramón Jiménez.